Medioambientales

Una vez que decididos a modificar la composición del purín, lo principal es tener claro cuáles son las necesidades del cultivo objetivo al que hay que aportar el fertilizante. En función de la especie, la producción esperada y el estado fenológico del cultivo, la composición del fertilizante habrá de ser una u otra. Aunque la capacidad fertilizante del abono quimiorgánico va a ser superior a la de fertilizantes químicos tradicionales, se puede considerar (por principio de prudencia) que el cultivo va a requerir las mismas unidades fertilizantes que se aportaban con fertilizantes químicos y las relaciones y mejoras que aporta el fertilizante orgánico que sean un efecto a mayores.

 

Económicos

El precio de las materias primas, sin duda, va a condicionar el producto final que se va a sacar como abono quimiorgánico y en función del precio de estas y de la disponibilidad de purín en la explotación se puede optar por en lugar de formular un 15,15,15 con dosis 1,5 la nominal que hemos comentado, fabricar un 20,15,15, al que solo aportaríamos 5 de Fósforo y 7 de Potasio, en lugar de los 7,5 y 9 que hemos comentado antes.

 

Técnicos

Un factor que es muy importante cuando se trabaja con purín es la distancia de la parcela destino donde se va a aplicar y en función de que ésta esté más o menos lejos, también se puede jugar con la composición, ya que si está muy lejos (10km por ejemplo) quizá se prefiere aportar la dosis más alta (15,15,15 del ejemplo anterior) a tener que realizar dos viajes y viceversa. Si se está junto a la granja de origen, quizás se prefiera el método tradicional sin aportación de abonos químicos y se aporte 3 dosis nominal con un abono resultante (30-15-12) que si bien no aprovecha todas las unidades fertilizantes al estar cerca de la granja se prefiere triplicar la dosis que aportar componentes que hay que comprar en el exterior de la explotación, si la disponibilidad de purín en la misma es alta.

Transformando la agricultura

La valorización del purín no es un proceso sencillo ni inmediato, sino que conlleva trabajo, esfuerzo y saber hacer para conseguir que un producto “negro y maloliente” pueda ser considerado como un co-producto de la ganadería intensiva con un valor de mercado determinado.

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